Artículo de opinión sobre la Sokamuturra escrito en euskera por Saioa J. San Martín, publicado en el periódico GARA y en el medio digital NAIZ el 9 de junio de 2026 y, anteriormente, en la web eta kitto!! el 5 de junio de 2026.
Me han sacado de casa tirando y empujando. No sé adónde me llevan, ni a qué. Detrás de mí hay tres personas. Me han metido en un camión y me han dejado tirada. ¿Adónde voy? No lo sé. Me atan por el cuello con una cuerda y me dejan en la calle ¿A dónde voy? ¿Qué hago? La gente se empieza a acumular a mi alrededor. Oigo gritos, risas, pasos. La cuerda me aprieta el cuello en cada movimiento. Avanzo, aunque lo único que quiero hacer es huir. No sé a quién o a qué tengo que tener miedo. Yo sólo quiero huir. Los demás lo llaman fiesta».
Sokamuturra. ¿Una verdadera tradición o una cuerda que sostiene (o intenta sostener) el sistema? Siempre hemos pensado que la tradición es algo inmutable, porque claro, ¿cómo vamos a cambiar un juego y una fiesta que siempre ha existido? Es una cosa que me pregunto mucho, ¿realmente alguien piensa que para celebrar una fiesta hay que generar maltrato? ¿O realmente alguien cree que los animales tienen menos derecho que nosotros a ser cuidados? ¿Desde cuándo nuestra moral es más alta y valiosa que la de una vaquilla?
Tal vez esta práctica no sea algo que se haga por tradición, sino un claro exponente del sistema, bajo el manto de la tradición.
Hay sufrimientos, que se vuelven invisibles, cuando quien sufre no tiene la oportunidad de hablar, claro. La sokamuturra no es valentía. Nada es cultura cuando el miedo está en el centro. No es seña de identidad cuando para mantenerse necesita someter a un cuerpo. Como escribió Simone de Beauvoir, «la mujer no nace, se hace». Y quizás deberíamos entender lo mismo con las tradiciones, que nada nace sagrado. Se construye. Se repite. Y que se acuerda su mantenimiento. Por eso, también se puede cuestionar. Incluso romperlo.
Es el ruido que nos venden como fiesta para no oír temblar. Nos enseñan la carrera de la vaquilla, pero no sus ojos. Nos han enseñado que el sufrimiento de los demás pesa menos si hay música, alcohol y risas a nuestro alrededor. Pero yo no puedo seguir viéndolo así.
Mientras la plaza tiembla, un animal intenta huir. Mientras alguien grita y levanta el vaso, otro cuerpo aprende el significado del terror. Y quizás lo más triste no sea la cuerda que tiene en el cuello. Ni las manos que lo llevan tirones. Ni la multitud que cierra todas las salidas. Quizás lo más triste sea darse cuenta de que el monstruo nunca ha sido la vaquilla. El monstruo es la costumbre. El silencio. La indiferencia colectiva capaz de defender una tradición que sangra.
Y entonces la vaquilla corre. No entiende el idioma de los demás. No entiende sus gritos. No sabe por qué todos están en su contra, pero corre. Trata de huir. Y en ese momento deja de ser una vaquilla. Se convierte en rabia. Cansancio. Memoria. Símbolo de todos los cuerpos obligados a sufrir calladamente por comodidad ajena. Y nosotros, en las gradas, deberíamos empezar a vernos de una vez por todas. Porque cuando se normaliza el dolor en nombre de una tradición, no solo se pierde la libertad del animal. También empezamos a perder la humanidad.
+ INFO:
- Denuncian la imposición de la Sokamuturra en Eibar. 40 asociaciones y más de 600 personas de Eibar convocan concentración para el martes 16 de junio a las 19:00 en la Plaza Unzaga de Eibar.

2 replies on “¿Es una tradición o es la soga que sostiene el sistema?”
[…] ¿Es una tradición o es la soga que sostiene el sistema? Artículo de opinión sobre la Sokamuturra escrito por Saioa J. San Martín. […]
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hay costumbres que matan.
y como seres racionales debemos cambiarlo
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